• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Diciembre, 2020. Temblor en Arequipa ¿Y cómo no?

Diciembre, víspera de navidad del dos mil veinte. Víspera de la navidad del dos mil veinte, nunca se enfatizará lo suficiente.

Hoy compré luces para poner mi casa más bonita. Me gusta mucho mi buhardilla. Es genial, veo el mar de mi bisabuelo amanecer. Mis espíritus, no sólo en fotos, nos acompañan a Pimienta y a mí. No sé cómo cabemos tantas almas en este lugar pequeñito, pero es un hogar, bendito sea.


Temblor en Arequipa. Fortísimo esta vez, avisa mi whatsapp. Los teléfonos no funcionan cuando hay temblor y menos cuando es muy fuerte. En Arequipa hay temblor cada semana o cada dos y aun así, algunas de nosotras les temen. Como los teléfonos no funcionan por culpa del temblor, sólo yo logro hablar con la que más se asusta. A mí no me gusta que ella se asuste, aunque a veces me da mucha risa que ella se asuste, así somos las hermanas. Gracias a Dios, que esssiste*, ella está en un primer piso tomando cerveza con una amiga. En un primer piso los temblores se sienten poco y tomando cerveza se sienten menos.


Los arequipeños somos expertos en temblores. Existen los de mucho ruido y pocas nueces, suenan como locos y es casi lo único que hacen. Los que no suenan pueden ser peores, a veces parecen una levantada de alfombra; los hay de mecida suave y los de estilo bofetón. Los peores son los temblores saltimbanquis, el piso, literalmente, salta y hasta la más valiente siente vértigo. Los arequipeños sabemos cuál es el peor lugar para pasar un temblor: el último piso de un edificio.

Una de nosotras tiene un departamento en el último piso de un edificio. Recibe el temblor dando clase a sus mellizos, que no han ido al colegio en todo el año, porque es el dos mil veinte. Los niños, cosa rara, no han sentido un temblor tan fuerte en toda su vida (los anteriores los cogieron dormidos, de viaje o quizás el dragón de su tatarabuelo los llevó en sus alas). Cuando su madre siente al temblor llegar, canta. Comienza a cantar para que los niños no teman al sonido de las entrañas de Arequipa retorciéndose. La única canción que se le ocurre en el instante es en alemán. Cantan los tres en alemán. La fuerza del temblor aumenta y la madre se pone de pie, coge a cada mellizo de la mano y los pone a bailar. Baila mi ahijada con un niño en cada mano, baila al ritmo del temblor de mi tierra para que nuestros niños no sufran. De casta le viene al galgo, bendito sea el tronco del cual provengo.


Harta loca hay en mi casta, también, bendito sea el tronco del cual provengo. En el temblor de hoy, una pareja tuvo una discrepancia de opiniones. Él evacuó. Salió corriendo al jardín y gritaba a su mujer para que ella saliera. Desde adentro de la casa, ella le gritaba a él para que volviera a entrar. Lo más probable es que ahora mismo estén organizando un plan de acción para el próximo temblor, cualquiera pensaría que ya lo habían hecho. En todo caso, yo diría que esos gritos espantaron al temblor.


Una de mis tías estaba de compras en una tienda. La cajera sintió el sismo y salió disparada. Mi tía se quedó quietecita muerta de la risa viendo a todo el mundo salir pitando, ella no salió. Mi mamá, en su departamento, rezó calmada, (ella se aloca pá tó menos para los temblores) como hacía mi abuela Luisa: “Aplaca Señor tu ira, tu justicia y tu rigor, dulce Jesús de mi vida, por tu Purísima Madre, Misericordia Señor, Misericordia Dios mío.” Una de sus hijas no recuerda la oración completa y en cada temblor que no la coge en un primer piso con cerveza sólo reza: “Aplaca tu ira Señor, aplaca tu ira Señor, aplaca… ”, y así, sucesivamente, hasta enloquecer a su marido. Es lo que pasa cuando una se sabe la música pero no la letra.


Tomando una cerveza bendita, gritando al marido para que entre a la casa, pidiendo a Dios aplacar su ira, cantando y bailando en alemán, perdiendo la ocasión de robarse una tienda completa, así pasó mi mujerío el temblor de hoy. Todas a salvo, afortunadamente. El temblor ha causado daños feos. Lo cuento de manera divertida porque no encuentro otra manera de contar la vida.


Aplaca tu ira, Señor, o como diría Domingo Gutiérrez Cueto: “Si es verdad que el dolor redime, preciosa vida la de este mundo desgraciado, redimida y santificada en unos meses.”


Mi canción de navidad favorita es una de José Luis Perales. “Mientras haya en la tierra un niño feliz… mientras haya unas manos que trabajen en paz… mientras haya una estrella, habrá navidad. Mientras haya unos labios que hablen de amor... mientras haya unas manos cuidando una flor… mientras haya futuro hacia dónde mirar... mientras haya ternura habrá navidad… mientras cure un herido, habrá navidad.”
Sigue habiendo navidad, por lo tanto. Bendito sea mi mujerío sanador.

*esssiste: en España el sonido /x/ se pronuncia /s/ o /z/ dependiendo.


Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 16 de diciembre del 2020


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