• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Para Navidad, Mauricio

Recuerdo: Cosa que se regala en testimonio de buen afecto. Diccionario de la lengua española, RAE.

Los villancicos que oímos los peruanos son los mismos que oyen los españoles. Uno creería que es una tontería, algo sin importancia, pero no lo es. Lo noté el año pasado, lo olvidé y por eso esta mañana tuve un asombro feliz. Ahora mismo, en Arequipa y en Santander, y quizá hasta a la vez, un niño metido en un parlante repite que si lo ven, si lo ven, va camino de Belén. Y recuerdo la historia que me contaron, sobre un chiquito que enloqueció a su familia tocando la trompeta que alguien tuvo la pésima idea de regalarle una Navidad. Mauricio, era el nombre del niño. La RAE acierta cuando dice que un recuerdo es un regalo de buen afecto.

Mi hermano nació cuatro años antes que yo. Recuerdo amarlo con locura cuando era muy chiquita. Cuando nos mudamos a la casa nueva y él se fue al colegio, me partió el corazón. Yo no tenía edad para ir al colegio. Cuando Mauricio regresó, se paró en el hall de entrada, me miró, sonrió y abrió los brazos de par en par. Yo también abrí los brazos en la mitad de la escalera y me lancé a los suyos. Tengo muy mala memoria pero estoy segura de que tuvo fuerzas para sostenerme. En el hall, justo detrás de él, había una mampara de vidrio, si no me hubiera cogido, lo recordaría.

Cuando éramos chiquitos se pusieron de moda los patines. Tenían cuatro ruedas, un freno que parecía un borrador gigante en la parte de adelante y pesaban una tonelada. El único año que veraneamos en Mollendo, yo estaba patinando en el malecón, igualita a la protagonista de Roller Boogie, cuando me caí y sangré dramáticamente. Mi hermano me llevó cargada hasta la casa. Supongo que no podía caminar. Yo puedo haber sido muy dramática pero él no era idiota para cargarme de subida con unos patines que pesaban más que yo. Mil años después, cuando midieron el Coeficiente Intelectual de Mauricio, descubrieron que era genio y no son inventos de hermana.

Mary y Laura Ingalls

Cuando crecí un poco más dejé de amarlo con locura y comenzó a caerme pésimo porque era mi hermano. Los únicos hermanos que no se caen pésimo son los que apellidan Ingalls. Le dio por apuntarme con el dedo y perseguirme con él, el aire es de todos, decía, no te estoy tocando. Me vengué mil años después, cuando ya éramos adultos. Mauricio empezó a tener problemas con un oído, tenía una oreja por las puras. El médico le dijo que se quedaría sordo de ese lado. Cuando me lo contó, le respondí moviendo los labios, sin emitir sonido. Por un segundo, su cara de susto valió un millón de dólares. Poco después, la sordera que sería paulatina pero definitiva, se le pasó. Milagro, le dijo el doctor. Ese medico es un idiota, me dijo él a mí. Mi familia en el Perú me llama Uti. De chiquitos, los amigos de Mauricio me decían, Uti, u ti vas, u ti pego. Nunca me dejaban quedarme con ellos ni oír sus conversaciones, por eso me caían casi tan mal como él. Cuando Mauricio terminó el colegio y se fue a estudiar a Lima, comencé a extrañarlo horriblemente y volví a amarlo con locura. Nunca más dejé de hacerlo aunque de vez en cuando nos peleábamos porque nunca apellidamos Ingalls.


El aniversario de Arequipa es en agosto. La Feria Internacional de Arequipa se da, o se daba, todos los agostos. En la Feria se exponen autos, motos, ropa, de todo, aunque no la recuerdo bien porque casi nunca recorrí la Feria. Cuando yo tenía como veinte años, los cantantes más famosos se presentaban ahí, de eso si me acuerdo. Conciertos repletos de gente. A esa edad a uno no le molestan las multitudes. La zona de los conciertos de la Feria se llamaba, o se llama, El Jardín de la Cerveza. Uno podía emborracharse como una cuba y no importaba porque los demás siempre estaban peor. Los arequipeños, por lo menos mi generación, fuimos unos mocosos muy borrachosos, de adultos nos volvimos unos aburridos. Ahí vendían la cerveza en unos vasos de plástico grandotes que tenían un destapador incorporado. Los vasos podían meterse uno dentro de otro y crecer como torres. Los chicos hacían competencias para ver quién tenía la torre más alta, ganaba el más borracho. Una vez, la Feria fue organizada por unos asnos. Los asnos cerraron las puertas de la Feria como cuatro horas antes del concierto. La gente empezó a llegar, siguió llegando, empezó a apretujarse y de pronto, éramos una multitud, lo que las noticias llaman un mar humano, frente a las rejas que a los asnos se les ocurrió cerrar. Mi mejor amiga y yo estábamos ahí, solas. Solitas, dos chicas aterradas. Vámonos, dijimos, cuando el mar comenzó a arrastrarnos. ¿Han estado alguna vez en el centro mismo de un mar de gente y han tratado de salir? No se puede. FUUUM, sonaba la multitud empujándonos, FUUUM. Yo estaba muerta de miedo. No me importaba perderme el concierto, sólo quería salir de esa angustia compacta hecha de miles de personas pegaditas a mí. UTI, escuché. UTI, TRANQUILA. Era él, cómo no. Sólo él podía moverse así en el centro de una masa compacta con tal de llegar a mi lado. Nunca sabré cómo hizo para verme. Separa un poco los pies y párate firme. Cuando la masa se mueva, muévete con ella. No voy a soltarte. No te caigas. Mauricio tuvo razón. La masa volvió a empujar. Los que estaban en la parte de atrás, es decir, los últimos en llegar, empujaron hacia adelante. Mi hermano y yo corrimos por inercia, obedeciendo a la masa para que no nos aplastara. No me caí porque él no me soltó. Ese día y al siguiente murió gente en la Feria.


Supongo que todos estamos hechos de trozos. Mauricio hizo muchos de los míos. La música que me gusta, él me la enseñó. La primera perla que no heredé, me la compró él con su primer sueldo. La primera vez que leí Cien Años de Soledad fue cuando era adolescente y le dije que estaba aburrida. He leído ese libro casi una vez por año pero la primera fue gracias a él. Es probable que las cosas que no me interesan en lo absoluto sean las que a él no le interesaban. Es lo que pasa con los hermanos menores. Remedan. Y alguna vez, aprenden.


Cuando él murió, la tierra tiró de mí y no es metáfora. Son las caídas hondas de los Cristos del alma*… Al final no me hundí, es lo que pasa cuando uno ama con locura. El amor es la mejor cosa que se ha inventado, decía García Márquez. Valga este regalo de testimonio de buen afecto, como dice la RAE cuando acierta.


Feliz Navidad, queridos. La Navidad es magia. La magia existe y no es más que amor que trasciende la muerte. Mauricio vivió.

La hermana menor de Mauricio.

Santander, 22 de diciembre 2021

*frase de Los Heraldos Negros, del poeta peruano César Vallejo.


Mauricio

https://www.amoramares.works/post/copia-de-del-cielo-estrellas-parlantes-mauricio-y-pimienta

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