• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Tanta vida, en unos días

A veces, uno es inmensamente feliz.
Mis amigas saludando al Chapetón Cueto.
Hace poco, mis dos mejores amigas vinieron a visitarme. Agarraron a sus maridos y cruzaron medio mundo para reunirnos después de cinco años. A veces, las circunstancias de la vida ponen miles de kilómetros entre gente que se quiere bien.
Se escriben muchas cosas sobre la amistad. Más de treinta y cinco años de amistad es mucha amistad, y lo único que se me ocurre escribir sobre la nuestra, es que me hace inmensamente feliz. Conocer la historia de la vida de alguien que conoce la tuya; comprender y que te comprendan; saberte amado... siempre ha sido valioso, pero quizá nunca tanto como después de una pandemia, durante una guerra, o cuando el país de uno está siendo apaleado. He saltado de alegría diciendo "I am so happy", en inglés, porque uno de los maridos es gringo, y speak-poquito-español, aunque sabe insultar en peruano y es para morirse de risa, conshatumadrrre, dice. Uno sólo salta de alegría, literalmente, cuando es inmensamente feliz.
Mis dos mejores amigas y sus maridos han conocido la tierruca, comenzando por Santander. Un señor muy mayor y muy amable nos tomó una foto con las letras, posamos felices, y en la foto dice ANTANDER.
¡Qué viva Antander!
Mis amigas y sus maridos saben para qué estoy acá y quiénes son mis espíritus, aunque a veces se les mezclen en las molleras, y tío Domingo termine teniendo un barco. Acá veraneaba El Chapetón cuando era chiquito, les dije en Comillas, saben que El Chapetón es el que tenía un dragón. Y es que la gente que te quiere sabe de qué están hechos tus sueños. “El amor es la mejor cosa que se ha inventado”, decía Gabriel García Márquez.
Reír hasta que te duela la barriga siempre tiene algo de magia. Hacerlo con la gente que forma parte de tu esencia, es mejor todavía. Los hombres con buenos modales siempre son lugares amables, pero cuando esos lugares amables son los maridos de tus mejores amigas, se parecen mucho a un hermano, o a dos, que es mejor.
Un quinteto estupendo.
Viajé a Madrid para alcanzarlos. Vimos un espectáculo de flamenco. El zapateo de los bailaores me dejó turulata porque me moría de dolor de pies y me dio ataque de risa. ¡SSSHHH!, vibró el restaurante/teatro. Son muy enojones, los bailaores de flamenco, y dicen ¡SSSHHH!, a cada rato y hasta con ritmo. Un mozo nos sirvió la cena. Vaya una a saber qué diablos comimos, a menos que media luz. No veo nada, ¿qué hay en nuestros platos? ¡SSSHHH!, volvió a vibrar el local. Era un tipo de flamenco dramático y solemne, que la gente educada observa con el pico cerrado. Pero basta que a uno le metan silencio a cada rato, ¡SSSHHH!, para que no pueda callarse. Su amiga sería estupenda en el escenario, o algo parecido, dijo uno de los maridos. ¡Hace veinte años sí!, respondió ella, súper halagada y batiendo las pestañas. Nooo, respondió su marido, tu ¡SSSHHH! es mejor ahora que hace veinte años Felizmente el espectáculo terminó poquito después, o nos hubieran sacado a patadas.
Cuánta vida cabe en unos días. Cuánto amor cabe en un abrazo.
Tres amigas que se quieren bien.

Úrsula Álvarez Gutiérrez.
Santander, 10 de abril 2022.
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