• Úrsula Álvarez Gutiérrez

¿Qué has hecho, Caín, de tu hermano? De Vacunaciones y Traiciones



La peruanidad es angustia, la peruanidad es suplicio. Ser peruano es saber que tu país es de los más ricos del mundo y oír atónito a los ignorantes llamarlo “país pobre”. Perú tiene oro, plata, cobre, petróleo, gas. En mi país, uno lanza una semilla al aire y le llueven frutas. El mar peruano es caliente y azul en el norte y es helado y verde en el sur. Y sin embargo somos el país más triste del mundo, el que más duele, el que más pesa, el país que nació jodido.

El diez de febrero un periodista que lanzaba un libro de investigación fue entrevistado en un programa de televisión peruano. En esa entrevista el escritor soltó una bomba atómica: El (vacado) ex Presidente Vizcarra había sido vacunado, en un país en el que no había vacunas. El Presidente fue vacunado, lanzó el periodista escritor, cuando era Presidente de un país que no sabe cuántos muertos tiene porque los dedos de todos los peruanos no alcanzan para contarlos. El Presidente, que no compró vacunas, estaba vacunado. El Presidente, que confinó a un país donde la mayoría de personas viven del trabajo diario, no compró oxigeno ni protegió a los médicos. Y estaba vacunado. ¿Cómo puede estar vacunado, si no hay vacunas en el Perú? Pues lo está porque hay unas cuantas. Satán se regocijó y abrió las puertas del infierno. Huele a azufre, mi país, y hay una fiesta demoniaca. Mi país está ardiendo, mi país se está ahogando, mi país parte el alma.


El periodista escritor que soltó la bomba el diez de febrero para asegurar las ventas del libro que lanzaba, supo de la vacunación del Presidente el año pasado, según propia confesión. Y no lo dijo. Lo anunció sólo al publicitar su libro. Su libro ya está a la venta. Los piratas peruanos ya lo piratearon y lo venden más barato, claro, los peruanos son rapidísimos para el negocio. El periodista escritor pide a los peruanos que no compren la versión pirata de su libro, que compren el oficial, que hagan patria. Vete a la mierda, periodista.


Lo que ha seguido a la entrevista más marketera que he visto es una exhibición de lo más bajo del ser humano. Se ha descubierto un asunto tan feo que parece mentira hasta para nosotros, los peruanos, que lo hemos visto todo.

Un laboratorio chino, el único con el que el gobierno peruano transó, envió un lote de vacunas para ser probadas en un estudio científico. Pero además mandó unas cuantas dosis más, “de cortesía”, aunque claro, ahora el laboratorio dice que no eran “de cortesía”, sino para vacunar al equipo encargado del estudio. ¿Y por qué envió tantas, si eran sólo para el personal del estudio? Con esas vacunas “de más” se vacunó a la gente que hacía el estudio, sus familias y a “otros”. Algo así como una vacunación VIP, algo así como una vacunación “exclusiva”, algo así como una vacunación “para los amigos”. Ministros, políticos, el Nuncio Apostólico y más, se vacunaron ilegalmente. Ilegalmente, sí, porque aquello no era una vacuna todavía, tenía que ser aprobada en el ensayo. O ya se sabía que era vacuna y el ensayo era por las puras. O vaya uno a saber. El resto del Perú siguió muriendo. El resto del Perú siguió encerrado. El resto del Perú siguió ahogándose. El Presidente estaba vacunado. Y el periodista escritor lo supo el año pasado y se lo calló para anunciarlo cuando fuera conveniente para él. Business son business, chocherita, ¿o no, causa?


Cuando la pandemia comenzó, los peruanos supimos que sería terrible para nuestro país. Somos un país riquísimo con un Estado ineficiente y maldito. A qué debemos esa maldición es algo que quizás jamás sabremos. ¿Por qué un país de gente buena y trabajadora parece condenado a elegir tan mal a sus autoridades? El pueblo peruano no es más ignorante que otros pueblos. El pueblo peruano no es más vil que otros pueblos. Sin embargo, desde el inicio de nuestra historia los peruanos arrastramos una condena de corrupción y engaño tan larga, que cuando somos atacados golpeamos a ciegas.


Nuestra pandemia, que es distinta a la del resto del mundo porque es peruana y por lo tanto, peor, tuvo una luz. Un médico arequipeño se paró de cabeza y organizó colectas de dinero para proteger a nuestros médicos. Compró mascarillas, vestuario y hasta oxígeno y lo repartió. Lo hizo, sí, porque nuestro Estado es ineficiente y maldito. Él intentó salvar a los médicos del Perú. Él dejó de dormir y las pocas veces que lo hizo tuvo pesadillas con enfermeras y médicos muertos. Él es el médico a cargo del estudio clínico de las dichosas vacunas chinas que llegaron con muestras “de cortesía”. Y es su cabeza la que piden los demonios en la fiesta.


¡PATRIOTISMO!, claman. ¡JUSTICIA!, exigen. SANGRE, quieren. A nadie se le ha ocurrido averiguar quién pidió esas vacunas “extra” ni quién eligió a los afortunados que las recibirían. Nadie pregunta quién hizo ni por qué se hizo el contrato con ese laboratorio chino que vendió al Perú las vacunas más caras del mundo. Al fin y al cabo, qué importa. Chanquemos al caído, tumbar gente es el deporte peruano favorito.


¿Cuántas vidas salvó el Doctor Germán Málaga con su asociación Médicos Solidarios del Perú? ¿A cuántos médicos protegió con su iniciativa? ¿Erró? No he visto error más grande en toda mi vida. ¿Van a seguir pateándolo en el piso, sin importar todo lo que hizo por nosotros? ¿Y el que estafó al Perú seguirá muerto de risa?

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 21 de febrero del 2021



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