• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Mujer

No recuerdo un año mejor que éste y algo me dice que tiempos mejores están por venir, eso es rarísimo porque a mí, ese algo, nunca me ha dicho nada parecido. He vivido cosas espantosas y maravillosas este año, las he vivido en la piel, en el alma, hasta en las entrañas, qué manera de sentir, cuántas formas de estar viva.

Volví a ver el rostro monstruoso de la Endometriosis, ésta vez con apellido, Profunda. El horror hecho enfermedad feminicida que no tiene ni la franqueza de matarnos, ‘benigna’ llaman por eso a la miserable. Creo que nadie, por imaginativo que sea, alcanzará jamás a sospechar cuán atroz es el dolor que esa enfermedad causa. Me derribó y arrastrándome llegué a los consultorios de los dos mejores médicos del Perú. Quizás la he vencido, si vencer significa celebrar cada día sin dolor como un triunfo personal pero seguir temiéndole. Lo que sí he logrado es arrancar mi espíritu de sus garras malignas. Tiene huecos, mi espíritu, a ratos los noto y coso parches para él, remendado pero mío. Bendita vida que puso a esos dos médicos en mi camino luego de que una mula titulada se atreviera a provocarme el dolor y el pavor más absolutos (si no puedes curar, no toques, algo así dice el Juramento Hipocrático pero hay doctores analfabetas). Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal que seguí cantando*.


Escribí, escribí y volví a escribir contra la Endometriosis Profunda. Desahogarme, denunciarla, evidenciarla, arrancarle palabra a palabra la absurda descripción de ‘benigna’ y su estúpido pseudónimo: ‘la enfermedad silenciosa’. NO MATA, HACE QUE QUIERAS MORIR, grité desgarrando el silencio de su nombre falso y admití que ella había tomado mi espíritu. Esos artículos fueron publicados en un montón de lugares. Mujeres que conozco y mujeres que no conozco me contactaron, desde Arequipa hasta Europa. Todas agradeciendo, algunas preguntando, otras dándome ánimos, todas contando sus historias y confiando en mí, con una intimidad casi exacta a la ternura. Tocan a una, tocan a todas, he aquí el verdadero significado de esa frase, la hermandad femenina existe aunque escasee. Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, cuántas noches pasarás desesperando, y a la hora del naufragio y la de la oscuridad, alguien te rescatará, para ir cantando*.


Encarné el sueño de mi abuelo regresando a su tierra en su nombre. Paseé por Cantabria como quien pasea por el centro de Arequipa, tan dueña de casa como mi bisabuelo. Entrañé a tantas generaciones de Gutiérrez a puro abrazo, a puro beso, a puro grito, a pura carcajada, a puro llanto, sobao y cocido montañés. El amor nuestro es magia que trasciende siglos y océanos.

Abracé a mi Gigante...

El Gigante y yo en Alegrilla

... si mi bisabuelo tuvo un dragón no veo por qué yo no puedo tener un Gigante más bajito que yo, es buenísimo conmigo porque una de mis tías es su amor platónico, lo mejor del amor es que se hereda. Vive en un pueblo llamado Alegrilla, mi Gigante, y en su jardín tiene un árbol que no es limonero ni naranjo sino las dos cosas y ninguna de las dos. Y entonces decidí que me instalaré en Cantabria por uno o dos años comenzando en enero, para atormentar a mi Gigante con preguntas, comiendo naranjas amarillas y limones anaranjados. Iré a Cantabria para rebuscar los archivos, pegar la nariz a la tierra y seguir encontrando las huellas de los míos hasta resucitarlos y oírlos cantar. Cantando estoy, como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente, que vuelve de la guerra*.


Comprobé lo que siempre sospeché: la relación entre la estupidez y el número de veces que alguien me manda a peinar es directamente proporcional. ¿Por qué no te peinas? ¡Péinate por favor! ¡Aaay esooos peeelos!, equivale una admisión tácita de el/la proclamante: Soy bruta, soy cafre, soy una res, las tres peores cosas que alguien puede ser según oí desde que nací. Hablando de pelos, un error de peluquería terminó siendo un auténtico hit al convertirme en una bomba rubia sin habérmelo propuesto, la vida es incomprensible, de verdad.


Estuve a punto de levitar de emoción al ver a nuestra niña vestida de novia, yo, la escéptica, yo, la de poquita fe, recé con toda el alma para que exista el cielo, los santos y toda la corte celestial despeje el camino de nuestra niña, que sea verdad aquello que me dijo un barbudo pensante: Todas ustedes son una misma mujer, como facetas de una misma piedra. Que sea cierto, Chinita, que sea verdad, que todos los golpes hayan sido recibidos por nosotras y las generaciones anteriores. Que tu vida sea hermosa, Chinita linda, y si acaso el cielo lo olvidara alguna vez, tú sepas siempre que tu casta es de mujeres que se han desenterrado a sí mismas desde que el mundo es mundo, que han resucitado hasta de balas, que han buscado su libertad y su felicidad cruzando fronteras y océanos en tiempos en que las mujeres no debían ni cruzar las calles. Tantas veces las mataron, tantas veces se murieron, a sus propios entierros fueron, solas y llorando y sin embargo están aquí resucitando*.


Viví el susto que describí en el cuento Hola Guapo, igualito. Mi corazón comenzó a tirarse volantines de rato en rato, anunciando resurrección, es genético.


Y nos vinimos, Pimienta y yo, a Cantabria. A escribir con el alma, amando mares, como siempre.



*Como la cigarra, canción interpretada por Mercedes Sosa y escrita por María Elena Walsh.

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