• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Mundo de migraña

Resucito tras una noche y casi un día completo de migraña a traición. Llegó sin avisar y me tumbó. Las migrañas varían, pero normalmente se pueden describir como la sensación horrenda de tener la cabeza llena de un líquido pesado. Una también siente algo así como que el cerebro ha crecido y empuja al cráneo porque no cabe. Por momentos duelen también las órbitas, como si el cerebro quisiera salírsenos por los ojos. Otras veces, la migraña toma los músculos de la nuca, el cuello y hasta los hombros, como la de anoche y hoy. Una migraña es una cosa muy fea. Tomé un analgésico fortísimo pero no hizo efecto. Pasé casi todo el día tumbada en el sillón con los ojos cerrados e inmóvil, porque si una se mueve, el líquido que parece estar en nuestra cabeza se mueve también y duele. La luz y el sonido son como lanzas. En fin, una migraña no atajada a tiempo te noquea y no hay forma de defenderte salvo hacerte la muerta. Dolor físico incapacitante pero temporal, aunque pueda durar días, termina.


Ya que resucité algo tétrica, escribiré también de los dolores del alma. Una creería que a esos todos los conocemos. En un par de ocasiones a lo largo de mi vida el dolor en mi alma ha sido tan inmenso que sentí que el suelo tiraba de mí y que yo me hundía. Esas veces, mi instinto de supervivencia, que es inmenso, se apoderó de mí y yo funcioné como en piloto automático. Hay temporadas de mi vida que mi instinto de supervivencia ha borrado de mi memoria, gracias a Dios. Mi papá decía que yo era la persona más fuerte que él había conocido, no creo que lo mío sea fuerza sino simplemente un instinto de conservación macanudo. Mi mamá, que es loca pero a veces sabia, me dijo una vez: "En la vida hay muchísimas cosas dolorosas que no podemos evitar vivir. Por eso, todas las que sí puedas evitar, tienes la obligación de evitártelas". Y yo tomé su trabalenguas al pie de la letra.


Lo que intento decir con los párrafos anteriores es que la situación actual del mundo me tiene turulata. Tan lleno de enfermedad, tan lleno de dolor ajeno y propio, tan lleno de cadáveres, tan lleno de miedo, tan lleno de gente estrenando pobreza o precariedad y tan lleno de pobres que ahora son paupérrimos. Y un par de docenas de egos a nivel mundial eligen este tiempo para pescar fanáticos. No es momento para eso. Los bosques arden en todo el planeta y como si fuera un chiste, dos iglesias en Chile son incendiadas por hordas enloquecidas que se toman fotos posando como súper héroes del apocalipsis.


¿Es que no se dan cuenta, egos del mundo, de lo que ocasionan? ¿Quieren que quede vida después del dos mil veinte?

Una persona que conozca el dolor y aun así quiera agravarlo no es más que un sicópata o sociópata. En el medio de una migraña uno no se agrede a sí mismo ni a otros. Cuando el sufrimiento nos hunde, recordar dolores antiguos imposibilitará que logremos desenterrarnos.

Busquemos en el arte lo que está faltando en la cotidianidad. Cobijémonos en un libro de Bryce Echenique, de García Márquez. Refugiémonos en la belleza del amor y la ternura que increíblemente, subsisten.


"Quien tenga ojos, que vea, quien tenga oídos, que oiga".


Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 20 de octubre del 2020



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