• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Fusiles de madera

Si pudieras ver lo que pasa cuando la ciencia ficción se adueña de la realidad, la ciencia ficción dejaría de gustarte. La humanidad no ha terminado de salir de una pandemia y ya cayó en una guerra más. Nuestra especie, pa, nunca dejará de desilusionarnos. Un virus amenazó a la humanidad, hasta ahora nadie sabe de dónde salió, ni si la amenaza ha terminado. Al comienzo, se dijo que la pandemia era culpa de un chino que se había tomado una sopa de murciélago y el murciélago tenía gripe, o algo así. Todo el mundo se enojó con los chinos y hasta con los murciélagos… como si el murciélago se hubiera dejado cocinar voluntariamente. Como el asunto sonaba a cuento chino, salieron los amantes de las conspiraciones a decir que no, que el virus había sido creado en un laboratorio…chino, ruso, estadounidense… dependía de quién contara la historia. Fue terrible pa… Sólo los países con suerte saben cuántos muertos tuvieron. Los ataúdes se apilaron y en los países sin suerte, las calles se llenaron de cadáveres sin ataúdes. No había cura, pa, hasta ahora no la hay. Si la pandemia te agarraba, tenías que encerrarte y rezar. Encerrarte, porque era requetecontagioso y no se trataba de ir matando gente mientras uno estornudaba. Lo mismo en Nueva York que en el pueblo más mísero, lo mismo en un país de grandes médicos o de vendedores de sebo de culebra… nunca la enfermedad fue tan poco exclusiva. A que no te imaginas en qué consistía… algo así como una gripe, sólo que mata. Como no tenía cura, lo creas o no, se decretaron confinamientos en todo el mundo, para sanos o enfermos. Entonces los animales fueron felices, fue lo único bonito de la pandemia. Manadas libres tomaron las avenidas sin humanos y caminaron como Pedro por su casa, daba gusto verlos. Los únicos animales que siguieron escondidos fueron los murciélagos. Los hospitales sólo podían aceptar a los contagiados que estuvieran graves de verdad, pero requetegraves. Les metían un tubo con oxígeno y daban la vuelta a las camas, terminaban mirando al suelo, creo que así se respira mejor. Los hospitalizados estaban solos, solitos, pa, nadie podía visitarlos y los médicos y enfermeros parecían astronautas. La gente enloqueció y usaba las únicas salidas autorizadas para acapararlo todo en los supermercados, sobre todo, adivina qué, papel higiénico, pa. Alucinante. Todos tuvimos que ponernos mascarillas, esas que cubren nariz y boca, los feos nunca fueron tan felices, eso sí… un par de ojos bonitos y listo. Un grupo de ilusos comenzó a decir que la pandemia nos haría mejores. Pufff… yo no sabía si llorar o tirarme por la ventana. Uno de los ilusos hizo un poema muy bonito, que decía algo así como que luego de la pandemia, Dios estaría feliz porque habríamos cambiado tanto, que por fin seríamos como Él nos soñó cuando nos hizo… a ti te hubiera encantado ese poema y estoy casi segura de que te lo hubieras creído. Por eso es bueno que no estés acá y nunca imaginé que podría agradecer tu ausencia.
Ahora, se supone que la pandemia está más o menos bajo control, porque aunque aún no hay remedio, hay vacuna… vamos tres dosis de la dichosa vacuna. Cuando te pinchan el brazo, ni te enteras. Pero a las dos o tres horas, comienza a dolerte como si te hubieran agarrado a ladrillazos. No puedes ni levantarlo. Pero no te quejas, porque vacuna es vacuna y gracias a Dios la tienes dentro aunque tengas un brazo por las puras por varios días. Justo ahora, cuando según los ilusos seríamos mejores, hay una guerra más… ¿Cuántas guerras habrá, pa? El problema de las guerras modernas es que como no hay campos de batalla, bombardean ciudades, edificios, colegios. Los vivos salen corriendo, cargando a sus guaguas* y a sus viejitos, a sus perritos, a sus gatitos. ¿Te imaginas, pa? Es lo que está viviendo un montón de gente, en este instante. Familias completas se amontonan en las fronteras de su propio país, intentando escapar, para que no los maten los invasores. Las autoridades no dejan salir a los hombres, deben quedarse para defender su país, ¿quién podría criticar esa orden?, ¿quién podría no entender a quien la critique?
Ya salieron algunos a decir ¡esto no es de malos contra buenos!, sólo el hecho de que alguien crea que esa frase es necesaria, o lógica, ilustra la situación. Seguramente tú podrías explicarme lo que está pasando. Tú entendías de política. Pero aun entendiéndola, esta situación te haría sufrir mucho y por eso es bueno que no puedas explicármelo. El país que ha sido invadido, ya sabía lo que iba a pasar y pasó los últimos meses haciendo ejercicios de guerra con su población civil. ¿Sabes cómo eran esos ejercicios, pa? Practicaban con unos rifles, o fusiles, hechos de madera. Con lo que a ti te gustaba la carpintería… cuando vi los rifles, pensé en ti, mi papá hubiera hecho los rifles de madera más bonitos… Pero agradecí que no estés, que no puedas hacerlos, que no puedas ver lo que está pasando en esta humanidad que cada día decepciona más a Dios.
Ayer leí que después de la Primera Guerra Mundial, los países no pudieron levantar sus hospitales de campaña porque se llenaron de los contagiados de la pandemia de ese tiempo. ¿Pasará ahora lo mismo, pero al revés? Los hospitales que el mundo levantó para dar oxígeno a los enfermos de la pandemia, ¿se llenarán con los heridos de esta guerra?
Qué bueno que tú nunca tuviste que usar una mascarilla. Qué bueno que nunca hiciste fusiles de madera. Qué bueno que no puedas ver esto.
Mi pa y yo.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 27 de febrero 2022

Imágenes: BBC


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