• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Duerme Pimienta

Pimienta duerme. Cuando esta perrita de trece años y medio duerme, tengo ganas de dejar de hacer todo y observarla, nada más. Su pechito se infla y se desinfla acompasado. Su carita cuelga, hace tiempo que su edad es visible a ratos; cosa curiosa, cuando Pimienta juega, parece una cachorra. De pronto abre un ojo, la señora Pimienta, sabe que estoy mirándola y si no juego a la estatua, creerá que hay algo sospechoso y se despertará. Pimienta siempre ha sido muy suspicaz, vaya una a estar abriendo un paquete de galletas sin convidarle, tamaña traición ha sucedido alguna vez, así no hay quien duerma en paz. Un solo ojo me ve estática y se cierra. Puedo seguir mirándola.

Pimienta

Duerme Pimienta y pienso cuántas veces la he observado dormir mientras el mundo colapsa. Es mejor observarla, quien sabe si de tanto mirarla logro encontrarle la puerta y meterme adentro de su corazón, donde nada lastime. La India se muere. No alcanzan los árboles para las piras funerarias. No alcanzan las camas en los hospitales, no hay oxígeno. Imagino a una hija suplicando oxígeno para su madre y la idea es intolerable.

Mientras tanto y el mismo día, el ex marido de Kim Kardashian subasta un par de zapatillas usadas y logra una cantidad delirante, un millón ochocientos mil dólares.


La BBC dice que Joe Biden regalará todas sus vacunas de Astrazeneca, quizá esté mal escrito. Les sobran, a los gringos y a esa vacuna pocos la quieren. Me alegra que Biden las regale, no entiendo cómo pueden sobrarle si faltan en la India, faltan en América Latina, faltan en Europa. Tanto faltan, que la Comunidad Europea demandará a ese laboratorio. Y a Biden le sobran. Soy un asno en matemáticas pero hasta yo sé que algo está muy mal en un mundo en el que un país bota o regala vacunas y en otro las cenizas de los muertos pesan más que cuando eran cuerpos.


Alarma en Portugal, acaban de detectar unos casos de “la variante india”, es decir, del bicho que tiene dos mutaciones. No había que ser un lince para saberlo, se vacuna a la mayoría o nos jodimos todos. Catástrofe humanitaria y ni por eso revelan las fórmulas de las vacunas, no lo entiendo. ¿Los científicos que las crearon merecen ser pagados? Claro, que les paguen y mucho. Que se erijan estatuas para ellos y que sus rostros aparezcan en todos los billetes del mundo. El problema es saber cuánto es mucho si un par de zapatillas usadas vale casi dos millones de dólares.

Alguien ha hecho una estadística comparando la población de mi país con la población de la India y concluyó que el Perú está peor. Perú. Cuatro letras y dos sílabas de puro dolor. Es posible que esa estadística tenga razón, soy un asno en matemáticas y veo las ultimas noticias de mi país con un solo ojo, las oigo con una sola oreja, para enterarme sólo a medias, para que no duela tanto, para poder dormir en la noche, para poder funcionar, para que mi miedo no se parezca tanto al pánico. Colapsa mi país y no es solo por el bicho.


El Perú es un montón de naciones en una. Lo único peor que ser mil naciones en una es ser dos naciones en una. Pelear contra muchos grupos cansa, distrae y no hay forma de ganar. Es más fácil pelear entre dos. Dos bandos facilitan la identificación del enemigo y ahorran municiones y esfuerzo. De dos bandos están hechas las guerras civiles y a nadie parece importarle. ¡Elige un bando!, exigen iracundos mis compatriotas en una de las cinco etapas del duelo. El Perú se retuerce enterrando muertos sin número, mi país colapsa y yo lo amo.

El resultado de las elecciones peruanas es peor que apocalíptico. Cuando me enteré, no pude ni llorar, como tampoco pude llorar cuando mi papá murió. Los peruanos que reaccionan más rápido que yo, además de vociferar y exigir, están en negación. Están en una negación tan grande que hasta ven cualidades en alguno de los dos candidatos que disputarán la segunda vuelta.


Sólo hay dos bandos que elegir. El voto blanco o viciado no sirve, porque se suma al ganador. Si los votos blancos o viciados fueran muchísimos, la segunda vuelta se repetiría con los mismos candidatos, no hay forma de escapar. Elegimos a un ignorante al que no se puede llamar ignorante aunque no tenga ni idea de cómo funciona un país o a uno que sabe demasiado. A uno con amigos terroristas (hecho demostrado) o a uno que todos creemos es un ladrón nada más, es preferible perder la billetera a que nos maten, ¿o no? Elegimos a uno incapaz de pedir perdón por todo el daño que nos hizo, aunque de sea de mentira, o a uno que cambia de discurso y un día dice que Venezuela es una maravilla y al día siguiente dice que dará setenta y dos horas para que los venezolanos que viven en el Perú regresen a su país porque son delincuentes.


Los peruanos sabemos que después de perder se puede seguir perdiendo. La peruanidad es eso, amanecer doliente, ser feliz estando triste y saber que a veces perder es ganar, porque cuando nosotros los peruanos perdemos, siempre podemos perder más. Ahora en el Perú uno de los bandos se declara propietario del término “pueblo”, sólo los de su lado son pueblo aunque claro, los venezolanos que están en el Perú son delincuentes e invasores. Y que viva la coherencia.


Mientras tanto, los debates de los candidatos para la presidencia de Madrid han sido suspendidos porque están peleados. Que Pimienta siga durmiendo hasta encontrar la puerta que me lleve a su corazón.

Pimienta
Si me lees y sabes rezar, reza por el Perú. Reza por los peruanos, que estamos eligiendo un bando muertos de vergüenza.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, 27 de abril 2021

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