• Úrsula Álvarez Gutiérrez

Divagaciones confinadas

“…La bomba atómica tiene la fuerza disgregante, acierta sobre las acumulaciones importantes… Los millones de hombres tendrán que separarse, las ciudades tendrán que desaparecer como centros de industria…. Y el mundo quiere seguir viviendo. El hombre sabe lo que es una pradera florida; sabe lo que es un huerto de hortalizas; sabe lo que es el amor de una familia; sabe, en suma, lo que vale la vida…. Lo que llega ahora es el final del Sistema…Hay que seguir otro camino, hay que volver a disgregarse, a luchar por otra cosa más positiva, más inmediata. Acaso llega de nuevo la época de las praderas, del tiempo bíblico, las vacas mugientes, las mieses maduras. La humanidad volverá a empezar…Nuevos problemas reducidos a la instintiva necesidad del vivir renovarán en el hombre el sentimiento y la esperanza de la felicidad. Felicidad bíblica, primitiva. …la pequeña porción de inteligencia que quede frente a la naturaleza señalará un nuevo oriente: no más ciencia química, no más ambición por lo perecedero de la riqueza. El hombre que quede volverá la espalda a las flores de hierro y acero de la industria y quedará embelesado frente a las rosas y a las violetas, al mugido de la vaca, el amanecer de Dios sobre un campo de luz en el que jugarán sus hijos.”

Extractos del último artículo escrito por Matilde de la Torre Gutiérrez. Publicado en México el 1° de mayo 1946, poco después de su muerte*.


Si he entendido bien, el desconfinamiento en España comienza el dos de mayo. Se hará en tres o cuatro etapas, que han llamado “fases”. Serán en realidad cinco, porque existe la fase cero y no me pidan que explique porque eso es lo que me tradujeron dos primucas. Quizás por eso resulte tan confuso, tal como los edificios españoles: hay piso cero, entresuelo, bajo, primero, segundo y demás…una sólo sabe en qué piso vive realmente cuando el ascensor se malogra y toca subir las escaleras a pie. Sabremos en qué fase estamos, si es que vamos superándolas, de acuerdo al número de contagios. Acaban de avisarme que el dos de mayo podremos salir a caminar en franjas horarias para diferentes edades. Pimienta y yo iremos al mar de mi bisabuelo. En mi cuerpo hay agua salada en vez de sangre.


Después de la bomba atómica la tía Matilde escribió que la humanidad volvería a la tierra y se equivocó. La repetí, ésta vez sin sorpresa, hará un par de años descubrí que mi familia repite ideas y hasta acciones. Al reconocer su idea en la mía, busqué su artículo y helo aquí, al inicio. Los opinólogos pregonan que después de la pandemia vendrá un “nuevo orden mundial” pero algunas fábricas de automóviles ya volvieron a trabajar… ¿para qué, si todos vamos a ser buenos amantes de la tierra? Ha de ser porque millones de sueldos dependen de esas fábricas. Me equivoco al creer que el mundo volverá a abrazar a la madre tierra tal como se equivocó la tía Matilde veinticinco años antes de que yo naciera.


Creo que la tecnología en este tiempo atroz es lo que nos mantiene medianamente cuerdos. Medianamente, nada más, porque quien no tenga el alma rota en este momento ha de haber nacido sin ella. Nos damos la mano a través de las computadoras y los teléfonos celulares. Hay un te quiero, resiste, estoy contigo detrás de cada chiste, de cada mensaje y, si hemos escogido bien a nuestra gente, de cada libro que recibimos. Mi prima de Madrid me envió sopotocientos libros hace unos días. Al inicio del confinamiento mi computadora se malogró. Caminé kilómetros en calles desiertas para conseguir solución porque sabía que mi cordura estaba en juego y algo me decía que el encierro no sería por quince días. Acerté, vamos mes y medio confinados y un poquito después de comprar mi nueva computadora esa única tienda cerró. Y hubo quien me criticó igualándome a los inconscientes que van por ahí contagiando al mundo. Al lado de la generosidad y la bondad de todos los cántabros, parientes y no, que me dieron el dato de la única tienda electrónica abierta, estuvo el dedo acusador al que le importó un carajo que yo necesite leer y escribir bastante más que comer; que yo investigue, que sea una extranjera encerrada sola con una perrita y que sólo pueda acceder a mis escritos, a mis libros, a la información que me ha tomado años recopilar y hasta a mi música y mis fotos, por medio de una computadora. El lado noble y el primitivo son los que se muestran ahora. Uno de mis primos ha escrito una carta pública* dirigida a esos dedos acusadores, a los que hace unas semanas yo llamé “la policía de ventana”.


Nadie sabe cuándo acabará este espanto que iguala a países del último mundo con los del primero en un baño de ubicaína*, como decimos los peruanos, auténtico cambalache hecho de nuevos desempleos, angustia, desconfianza y especulación de precios (el que no llora no mama y el que no afana es un gil. Dale nomas, dale que va, que allá en el horno nos vámo a encontrar*) y de la otra. La concordia fue la primera baja, la mayoría de políticos miente o dice estupideces, he ahí el asno anaranjado recomendando traguitos de lejía y el otro, el de la zona cero, jurando y perjurando que sus muertos son poquísimos. Las ideologías dividen como si el posicionarse a la izquierda o a la derecha del dolor del mundo ayudara en algo, o peor aún, como si este fin del mundo fuera perfecto para pescar en los ríos revueltos. Ando atónita estrenando respeto por los militares y notando que la gran mayoría de agrupaciones civiles sirven para nada o, en el mejor de los casos, para muy poco. Año veinte, cambalache, problemático y febril…igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezcláo la vida y herida por un sable sin remache ves llorar la biblia contra un calefón.


Pero en este despelote también habita el amor. El que hace que mi whatsapp reviente y me permite pasar las tardes de los jueves en video llamada con mis mejores amigas que viven en el país que lleva más de sesenta mil muertos. Y cuando hablo con ellas y las veo pienso que las noticias mienten o las autoridades gringas están muy locas porque sus restricciones son mínimas comparadas con las de Europa y América del Sur y entro en el limbo del que no entiende nada y prefiere no pensar y sólo agradecer que ellas estén sanas y salvas. Nos despedimos a besos desde nuestras pantallas, cuídense mucho, las quiero, hasta el próximo jueves, dicho a tres voces.


El amor también está en el mujerío del que provengo, enfrascado en un intercambio de recetas tan feroz que en un inició me desconcertó y hasta me golpeó por notarme tan diferente a ellas en eso, las locas de mi casta se zambullen en la inigualable comida peruana para liberarse del espanto. Yo ni muerta de hambre intento cocinar. La tía Camila me rescató nuevamente con su sabiduría sin ortografía: Tú tienes a tu mente y mucho que hacer con ella, ¿necesitas algo más? Tú no eres una persona a quien le interese la comida, ponte a trabajar mamacita y aliméntate con concentrado. Desobedecí sólo lo de comer concentrado por temor a salir del confinamiento ladrando. He sentido la paz que mi matriarcado encuentra aunque sea a ratos. He visto las fotos de la comida que mi hermana hace y he sido inmensamente feliz al tener que recoger mi mandíbula del piso al verla dar consejos para preparar extravagancias culinarias. Mi hermana resiste y ahora sólo se trata de eso.

Para mi hermana, Lucía Nicolina, la que resiste.


Úrsula Álvarez Gutiérrez

Santander, sopotocientos de abril del 2020

Confinamiento por coronavirus

*Matilde de la Torre y su época, de Carmen Calderón. Ediciones Tantín. Regalo de José Ramón Saiz Viadero. El artículo citado aparece en las páginas 127, 128 y 129.

*Carta a un ciudadano ejemplar, de Fernando Cueto: https://www.mundiario.com/articulo/politica/carta-ciudadano-ejemplar/20200428220210183096.html?fbclid=IwAR1zjAqgfrB35_01cvUgCu0R0ndBYIUXL8C7tUYKdDfGZkqpX9cPRklFRew

*ubicaína: peruanismo que se usa para aclarar que cuando llueve todos se mojan, o algo así.

*Cambalache: Tanto argentino compuesto por Enrique Santos Discépolo, 1934.

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