• Úrsula Álvarez Gutiérrez

De calatos y ojalás

El peruanismo “calato” designa a alguien que está desnudo. No es una palabra vulgar, los peruanos adultos o chiquitos la usamos siempre, salvo quizá, cuando queremos sonar muy formales y aún en esas ocasiones, cuando un peruano escucha a otro peruano diciendo “desnudo” en vez de calato, nos suena rarísimo, o por lo menos a mí me suena rarísimo y hasta falso, “postureo”, dirían en España, “posero”, decimos los peruanos.
Perro peruano calato. Imagen de internet.
El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, el rey de la ternura, en un par de novelas* que hablan de amor, utiliza la palabra “calata” para describir a la protagonista, la mujer amada, cuando está sin ropa. Bryce explica, aunque no recuerdo con qué palabras, la diferencia entre estar desnudo y estar calato. La desnudez implica elegancia y hasta algo de arte, mientras que estar calato es estar expuesto, indefenso, ser humano, básico. Me parece que Bryce llega a escribir que no es lo mismo un desnudo griego que un peruano calato, aunque ese es otro tema.
Quizá estar calato sea requisito para seguir la ruta que nuestros sueños señalan. No importa cuánta ropa tenga puesta un seguidor de sueños, siempre estará calato.
La última película de Emma Thompson la muestra calata, desnuda no, calata, calatita, diría Bryce. Es una película para adultos y no va a gustar a todo el mundo. Trata de una mujer en búsqueda de las sensaciones que no conoció y toca temas incómodos. Creo que nunca había visto una película en la que una mujer desnuda fuera en realidad una mujer calata.
Ojalá hubiera más calatos en el mundo. Ojalá ser valiente no sea siempre tan caro, como canta Sabina.

Úrsula Álvarez Gutiérrez

26 de junio 2022

*La vida exagerada de Martín Romaña y su continuación, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, son las novelas de Bryce a las que me refiero.

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